Diez formas de meter la pata en Twitter


Twitter ha traspasado sus propios límites para convertirse, con el permiso de Facebook, en el fenómeno social más revolucionario de Internet en los últimos años.
Ahora le toca el turno a Twitter, así que atiende a estos ejemplos de mal uso para evitarlos a toda costa:

1. Usar tu cuenta Twitter solamente para hacer retweet

Imagina que sólo usas Messenger para copiar lo que dicen unos contactos y pegarlo en conversaciones con otros contactos. ¿Es que acaso no tienes voz propia? Pues en Twitter ocurre lo mismo.
Cuando haces retweet, estás volviendo a publicar el tweet de un usuario, lo cual está bien si el mensaje lo merece o quieres agradecer el aporte que ese usuario te ha hecho. Pero si acabas practicando ese reenvío constantemente, tu cuenta acabará por tener el mismo interés que el enésimo 'powerpoint' enviado por el amigo pesado de turno. ¿Y dónde acaba normalmente ese mensaje? En la papelera, sin pasar por la casilla de salida...

2. Usar Twitter como pasarela de publicación de otras aplicaciones

La última red social, el nuevo programa para hacer fotos o el juego de moda: ser curioso no tiene nada de malo y compartir tus hallazgos, si realmente lo valen, es todavía mejor.
Sin embargo, es posible que revises tu historial de mensajes y sólo encuentres tweets publicados por aplicaciones o páginas externas y ningún pensamiento propio. Al final, tus amigos te acabarán preguntando si escribes en Twitter con una plantilla.
Para evitar estas situaciones, nada mejor que rescindir los permisos de publicación automática de estas aplicaciones y tuitear sólo aquellas cosas que merezcan la pena.

3. Llenar los tweets de hashtags

En Twitter, los hashtags son palabras unidas y precedidas por el símbolo de almohadilla (#) que sirven para fijar el tema de un mensaje. A efectos prácticos, la repetición de hashtags por muchos usuarios es lo que define los temas de tendencia en esta red.
Un hashtag convertido en tendencia puede tener un valor increíble y cambiar el mundo literalmente. Sabiendo esto, es todo un mal ejemplo de uso llenar mensajes enteros con temas que no tienen utilidad: primero, porque devalúan el propio significado del hashtag; y segundo, #porque #entorpecen #muchísimo #la #lectura.

4. Escribir un tweet para cada cosa intrascendente que te pasa durante el día

Partamos de que Twitter no necesita un interlocutor para funcionar, por lo que realmente puedes usarlo como te venga en gana. Sin embargo, si usas una cuenta en esta red, seguramente estarás en contacto con muchísima gente a la que le importa bien poco el estado del juanete de tu pie derecho.
Todos hemos caído en este punto alguna vez, en parte por la inmediatez que supone Twitter como medio para desahogarse. Lo importante aquí es que, si tu vida no es precisamente la de un bombero o un especialista de cine, al menos dejes constancia de tus rutinas con mesura y dejando entrever tu propia personalidad en cada tweet.

5. No saber diferenciar una mención de un mensaje directo

¿Y cuál es esa diferencia, si no lo sabes aún? En que una mención (reply) es visible por tus seguidores mientras que un mensaje directo es de carácter privado entre dos usuarios.
Todo un clásico: escribes algo personal a un contacto y usas la "@" de la mención pública en lugar de la "D" del mensaje privado. Ambos signos pueden preceder al nombre del destinatario, sobre todo si van al principio del tweet, así que ten cuidado.

6. Olvidarte de que, al escribir un tweet... lo leerán

Como decíamos, un tweet es algo que se escribe en cuestión de segundos y tendemos a usarlo a la ligera, como quien piensa en voz alta. Por suerte o por desgracia,hay gente que se sentirá aludida y no siempre se tomará las cosas con la levedad que sugiere, a priori, un texto tan corto.
Para empezar, si quieres usar Twitter para publicar en petit comité, revisa tus preferencias de privacidad para que sólo tus seguidores o followers puedan leer tus mensajes. Y, por supuesto, si no quieres que alguien te lea, no le menciones con una @seguida por su nombre de usuario.

7. Entrar en una conversación tarde y/o mal

Si el planeta Tierra girara a la velocidad vertiginosa con la que se mueve Twitter, saldríamos despedidos al espacio sin rumbo definido. Los temas en esta red social cambian con una facilidad pasmosa y, en unas horas, usar un tema para escribir un tweet puede carecer de sentido.
Son muchos también los que aprovechan que un tema se ha convertido en tendencia para soltar perogrulladas como "No conozco #nombredetema" o "¿#nombredetema es tendencia en Twitter?", simplemente por figurar en el momento. Si eres de esos, es posible que las pullas que recibas de otros usuarios tengan un motivo más que claro.
Por supuesto, este punto cobra especial importancia si eres una persona famosa...

8. Ignorar y no saber ser ignorado

Esperar contestación por cada mención que haces en Twitter es un comportamiento heredado de Messenger y los mensajes cortos, pero esta plataforma es distinta por un motivo: tú puedes seguir a miles de usuarios y ellos no tienen por qué seguirte a ti. Así pues, repetir la mención o tomar el silencio como un agravio es poco recomendable.
En el caso contrario tampoco hay que pasarse. Si un mensaje realmente es interesante, hacerle una mención no sólo no te desacredita, sino que te aporta lo mejor que tiene esta red social: participar en infinidad de conversaciones interesantes. Así que proponertecontestar a varios followers al día no es mala idea.

9. Creer que la cantidad de following o followers es importante

Tu lista de following indica de cuánta gente estás siguiendo sus mensajes. Hay quien cree que seguir a un número abultado de usuarios te convierte en alguien popular, por reciprocidad y porque estás "en el meollo de Twitter". Desde aquí te decimos que sólo conseguirá darte dolor de cabeza.
Sobre la lista de followers o seguidores, las grandes cuentas de Twitter, las de corporaciones o celebridades, pueden llegar a tener cientos de miles de personas. Si no eres ninguna de las dos cosas, tener un buen número de followers está bien: quiere decir que lo que publicas es interesante.
Sin embargo, no te agobies con esas cifras pues no mejorarán la calidad de tu cuenta; más bien te pesarán si algún día metes la pata en alguno de los puntos anteriores.

10. Creer que un tweet es un SMS y escribirlo como tal

Un SMS consta de 160 caracteres y un tweet de 140. ¿Debes usar por ello el lenguaje SMS? La respuesta es NO.
Twitter es gratis, no necesitas economizar tus mensajes. Twitter llega a millones de personas en el mundo. Twitter sirve para publicar, no para dar avisos rápidos. Twitter es un juego mental para que aprendas a sintetizar ideas y convertirlas en pequeñas perlas cotidianas.
Por todo lo dicho, usa Twitter con responsabilidad


Investigado y consultado en:
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A VECES


Confío aún en las personas, sin importar su edad o de donde proceden, porque la verdadera forma de aceptarnos es no juzgarnos unos a los otros, se que algunas veces el destino nos juegan malas pasadas, pero debemos tener animo pese lo que pese.

Anoche fui victima de un robo bobo, por dejar un momento mi celular en mi bolso, para continuar realizando mis actividades físicas, sin darme cuenta para algunos les llamo la atención y espero yo que se lo llevaran por error, bueno paso a pasos de mi persona.

Me enfurecí , pensé tantas cosas, pero al llegar mi tranquilidad, razone, aunque fuera con o sin intención ya paso y debo continuar con mi vida.

Aunque me endeude compre otro celular, y como le comentaba al taxista que me llevaba rumbo a la universidad, compre otro con un valor doble al primero, porque nadie debe ser dueño de nuestros gustos, siempre pensamos que si nos quitan algo, debemos comprar unas mas económicas para que no sea atrayente a las manos de los amigos de lo ajeno.

Porque además que nos roban nos quitan el derecho de tener cosas que merecemos por nuestro esfuerzo y dedicación, basta de creer en esos dilemas y de castigarnos como si fuéramos nosotros que obramos mal, basta de permitirles a otros gozar de cosas que con el sudor de la frente nos ha costado conseguir.

Tenemos el deber de vivir sin que nadie se apropie de nuestro destino, he perdonado porque lo ocurrido decidí no darle ninguna importancia.

Dios permite que pasen cosas para aprender de ello, no para doblegarnos por los demás.

Para los que deseen ahora comunicarse conmigo este es mi nuevo numero 0412 - 4168551


Ronald Araujo


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Ser o no ser popular: He ahí el dilema

Para los adolescentes, la popularidad es una necesidad vital y los colegios son el campo de batalla en el que compiten -o sufren- por alcanzarla. Los especialistas advierten sobre la estela de exclusión que está dejando esta práctica




"En el liceo de un lado están los cool, los que están en todo, y del otro, los nulos, los 'equis'"

. Las palabras son de Samuel Mariño, adolescente de 16 años, quien comenzará en breve su último curso de bachillerato. Su frase resume la realidad de muchas escuelas secundarias venezolanas, la de una segmentación que nada tiene que ver con secciones, intereses o edades sino con otro atributo: la aceptación social.

Samuel se considera a sí mismo popular, algo que, dice, se ha ganado trabajando año a año. "Soy un chamo que resalta, canto en un grupo, practico la fotografía, soy muy extrovertido y me gusta estar en todo, participar, mezclarme con la gente, dar mi opinión y ser tomado en cuenta. Ser popular es vital porque te conviertes en el centro de atención, todos quieren estar contigo. Los populares son los líderes que los demás siguen".

Melanie Ramírez iniciará ahora el noveno grado y se ve a sí misma como alguien incluido. "Yo hablo con todo el mundo, me buscan, me respetan, pero no soy de las que todo el colegio saluda". Aunque el tema no le quita el sueño, reconoce que la popularidad es fundamental en la vida cotidiana de su escuela. "Si eres popular, tienes más amigos y eso hace que amplíes tu círculo. Por eso mucha gente lucha por ser popular: para encajar en el grupo".

Precisamente encajar es el verbo más conjugado por los adolescentes. Así lo plantea Cristina Otálora, investigadora del Instituto de Psicología de la Universidad Central de Venezuela. "Para ellos es muy importante ser aceptados por la gente de su edad, porque se les despierta el deseo de separarse psicológicamente de sus padres. En la niñez los progenitores son su punto de referencia, pero en la pubertad los muchachos buscan otro espejo donde mirarse, piensan según lo que les plantean los que son como ellos y por eso quieren ser admirados o aceptados por el grupo"

A esto hay que sumar patrones culturales. Estudios cualitativos realizados desde hace 10 años por la encuestadora Datanálisis revelan una constante: ser incluido y respetado por los demás es el valor más importante para el venezolano (por encima de la honestidad o la lealtad) y la popularidad es la meta de muchos, especialmente de los púberes. "La sociedad de nuestro país es grupal y para la gente la gran aspiración es ser aceptada -afirma Luis Vicente León, director general de la firma. Esta realidad se amplifica aún más en los adolescentes, porque están en una edad en la que son más vulnerables a la mirada del otro y, por su personalidad en formación, son proclives a supeditar sus propios pensamientos y gustos con tal de pertenecer a un grupo que los apoye, que los represente o incluso los proteja".

Por eso, en la secundaria, construir relaciones sociales se convierte casi en un juego de estrategia en el que no sólo la empatía y la afinidad son suficientes para entablar nexos. Melanie siente que cuando entró al bachillerato perdió un poco de la inocencia con la que de niña conseguía amistades. "En la primaria era diferente porque simplemente te acercabas a otro niño, le preguntabas si quería jugar y punto. Ahorita tienes que evaluar la personalidad y el aspecto del otro. A veces es tanta la importancia que, si a un chamo lo ven hablando con otro que es 'nulo' , lo critican. Es muy poca la gente que se atreve a hablar con el que no es popular, porque se arriesga a ser separado por el grupo".

Ella misma ha visto cómo el tema ha acabado con amistades. "Hay gente que cuando entra a bachillerato se asocia con personas que antes ni siquiera trataba y para ser aceptada deja de saludar a sus anteriores 'panas'. En esos casos, es muy común que los acusen de 'cambia amigos'. Algunos, simplemente, dejan todo atrás con tal de ser populares o estar cerca de ellos".

"La escuela es como una selva", dice contundentemente Samuel. "Y en la selva sobrevive el más fuerte". Con la sabiduría de la propia experiencia, este púber sostiene que la popularidad es un elemento imprescindible para sobrellevar los años del hervor de hormonas. "Una persona abierta y segura de sí misma tiene más posibilidades de ser aceptada y encajar. Si eres introvertido difícilmente puedes desarrollarte dentro del grupo. La adolescencia es una guerra y para ganar la batalla hay que armarse de un carácter atractivo y resaltante que te permita lidiar con toda la gente y demostrarte a ti mismo que puedes lograr lo que quieres. A veces me ha ocurrido que, por ser popular, le pido a alguien que haga algo por mí o me consiga lo que necesito y lo hace. Y ese es el beneficio principal, porque todos quieren quedar bien contigo".

Según los estudios de Datanálisis es precisamente la necesidad de imponerse sobre el grupo la razón por la que la popularidad es tan valiosa para los adolescentes. "La popularidad es el extremo de la felicidad entre los jóvenes -apunta Luis Vicente León- porque significa poder. Cuando muchos quieren estar contigo y están pendientes de lo que haces, inmediatamente te conviertes en líder, amplías tu radio de influencia y no sólo decides lo que es bueno para ti sino lo que deben hacer los que están a tu alrededor. Incluso, a esa edad la popularidad suele darles más opciones con sus pares del sexo opuesto, quienes suelen decir que se sienten atraídos por el que destaca, por el carismático".

De acuerdo a los psicólogos, aspirar a la popularidad tiene su lado positivo, pues contribuye a fortalecer ciertos rasgos de la personalidad. "Buscar ser aceptado o admirado por el grupo le da al muchacho confianza en sí mismo -apunta Otálora-, fortalece su autoestima y mejora su capacidad de relacionarse con otros a partir del afecto, de intereses y valores compartidos. Incluso, lo prepara para afrontar relaciones más serias en el futuro, como las de pareja".

"Al ser aceptado -confirma Melanie Ramírez- te sientes más seguro de ti mismo, los temores de hacer el ridículo incluso disminuyen porque sientes que tienes gente a tu alrededor que te entiende y te apoya. Eso te da confianza".

Autoestima en juego: los riesgos de ser cool

¿Cuál es el perfil de una persona popular en la escuela? En principio, el que destaca y se vuelve referencia. "Cuando se les pregunta a los jóvenes, el liderazgo suele asociarse a muchas cosas -dice León. La popularidad puede lograrla quien sea el más atractivo, el más sociable, el mejor deportista, el que demuestra autoridad, el más fuerte, el más malo, el que conoce a más gente, el que obtiene los pases para todas las fiestas por sus amplias relaciones o el que tiene más dinero".

"Los populares en el colegio son los deportistas, las chamas lindas y los rebeldes que se la pasan raspando -apunta Melanie. Si te portas bien, todo el mundo empieza a señalarte y decirte que eres aguafiesta o 'corta nota'. En cambio, todo el mundo quiere estar con los que se portan mal porque sienten que son lo máximo y hacen lo que quieren sin que los controlen. He visto chamos estudiosos y de pronto bajaron las notas para tener gente a su alrededor".

La alteración de la personalidad es uno de los riesgos que más preocupa a los psicólogos. "Ser popular es un problema cuando el muchacho intenta transformarse en una persona distinta, cuando transgrede normas o agrede a otros sólo para ser bien visto -advierte Otálora. Hay muchachos que entran en drogas o roban para obtener símbolos de estatus importantes en su mundo, mientras hay niñas que se someten a cambios bruscos en su cuerpo por querer parecerse a los patrones de belleza que les imponen sus pares. Y allí hay un problema de autoestima, porque cuando un adolescente busca la aceptación a costa de su propia personalidad, es obvio que no se respeta a sí mismo".

El propio Samuel reconoce que la popularidad le ha generado conflictos internos. "Mucha gente está pendiente de que te caigas para criticarte. A veces de tanto querer quedar bien con los demás no quedas bien contigo mismo".

Según un estudio efectuado en escuelas estadounidenses y reseñado por lanación.com.ar,los muchachos populares suelen ser proclives a problemas de conducta. "Tienen tres veces más posibilidades de beber a los 14 años que los que están fuera del grupo. Ya a los 18 es más factible que cometan actos de vandalismo, fumen marihuana y hurten en los negocios. Resumiendo, parecen ser más vulnerables a la presión y expectativas de los compañeros".

Exclusión y hostigamiento: el costo de ser impopular

Bélgica Sánchez tiene 18 años y en 2009 culminó la secundaria como una de las mejores alumnas de su colegio. Hoy estudia educación musical en el Instituto Pedagógico de Caracas y en el Conservatorio José Ángel Lamas, pero sus años en la escuela no fueron tan exitosos, socialmente hablando. "Soy una sobreviviente a la impopularidad, porque pertenecí a lo que los demás consideraban 'nulos'". Aunque nunca se sintió discriminada por la fortaleza de su autoestima, vivió de cerca la exclusión y el maltrato a los que son sometidos muchos de los muchachos considerados "extraños" o "nerds". "Algunos de mis amigos sí se sentían frustrados porque querían ser tomados en cuenta por los otros y no lo conseguían por más que llamaban la atención".

Las burlas y la agresión, inclusive, física se cuentan entre las cosas que muchos padecieron. "Era común que los golpearan en los pasillos, les pusieran sobrenombres o los pitaran. Algunos terminaban muy deprimidos. Recuerdo que se burlaron tanto de uno de mis amigos que no soportó y se retiró del liceo".

Según Luis Vicente León, en las escuelas están generándose grupos muy bien diferenciados: "Los populares, que son los líderes; los seguidores, que se sienten aceptados por seguir a los populares, y una minoría de marginados a quienes suelen excluir dramáticamente".

Para la psicóloga Cristina Otálora, la discriminación de facto que la popularidad está dejando en las aulas no puede seguir ignorándose. "Está generalizándose la no aceptación del otro por ser diferente, por pensar o vestirse distinto. Y eso es muy grave. La exclusión lleva a la frustración, el resentimiento y la rebeldía. Un muchacho excluido puede deprimirse o retraerse y tener dificultad para relacionarse en su vida adulta. Otros pueden tornarse agresivos. Detrás de las grandes matanzas en escuelas o universidades hay jóvenes rechazados que drenan lo que sienten con la venganza".

Por eso insiste en reforzar la educación en valores. "Hay que recordarles a los muchachos que deben aceptar a los demás con sus diferencias y hay que decirles que son valiosos por lo que son y no por el grupo al que pertenezcan". Otálora también pide a los maestros no dar la espalda al asunto. "Muchos se limitan a lo académico, pero tienen la responsabilidad de formar para la vida. Si un alumno está siendo rechazado, debe conseguir en su maestro un orientador. Hay que ayudar a los jóvenes desde lo afectivo, porque cuando uno les pregunta por qué se sienten mal, insisten en que necesitan respeto y cariño".

Precisamente autorespeto es lo que recomienda Bélgica. "Bastante veces intentaron burlarse de mí, pero siempre reflejé seguridad. Es importante confiar en lo que eres, en tus propias habilidades y en tus propios valores. Los que son muy tímidos terminan reflejando inseguridad y cuando los demás se dan cuenta, se aprovechan de eso". "A mí me gusta ser popular, eso fortalece mi personalidad -agrega Samuel, pero no hay que maltratar a nadie. Cada quien es como es y hay que aceptarlo".

A sus 14 años, Melanie ha encontrado una fórmula para no dejarse arrastrar por este vendaval. "Más que ser popular, lo importante es tener personalidad, porque, al final, de eso dependen tus relaciones en el colegio. Si eres alegre, abierto, creativo, seguro y original en tu forma de ser, la gente va a querer estar contigo. Sin personalidad propia no eres nadie".



Consultado el 24/04/11



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